lunes, 2 de octubre de 2017

TIEMPO





El tiempo iba pasando,
lacerando mi piel,
haciendo trizas el alma del cual ni siquiera soy dueña.

Nunca lo fui.

El tiempo 
se empeñó en meterse 
dentro del reloj que cuelga de las paredes tristes
de los salones estáticos 
y sin escrúpulos llenó mis poros de telarañas y polvo,
hizo pequeños mis ojos y dejé de ver.

El tiempo se gastó .

Como moneda de cambio
se invirtió en falacias,
en fulanos y fulanas llenas de ingratitud,
en trabajos mal pagados, 
en hipócritas de profesión,
en sonrisas pintadas de rosa,
en marionetas 
y en funambulistas torpes de la soledad.

Pasó, 
deteriorando a su paso 
cualquier  atisbo de vida.








jueves, 21 de septiembre de 2017

ENSIN TONOS NI AFALAGOS



    I.


Fáltenme los tos afalagos nel pelo 
que yeren como arpexios pal son del mi sentir,
que yeren daqué máxico 
y la partitura de la mio vida.

Les notes yeren les rises de ca'un
que s'asitiaben como páxaros enriba'l pentagrama...

Naguo por elles cola melena desafiná
coles mueles na mano y la piel d'espartu
berrando colos güeyos zarraos
pa nun perder nin una llárima más,
afogándome en secu,
cola mirá en baxu
yendo a palpu
pa nun escaecer nin un rincón de la to cara.

¿Cuántos besos fáltenme hasta volver  topales?
¿Cuántos meses van caeme pente los pelos
como babes de diañu burllón tocando'l xiblatu?

Yá nun quiero nin sabelu.






II.

Dende equí pésame dicivos que yá nun vos oigo cantar
nin siento la zanfoña que frotábeis con tanta gracia
nun siento más que´l turuyu avisando
y el rabel de los pastores.
Nun siento'l esbardu ni al llobu aullando 
pente eses peñes, 
deos amputaos d'un flauteru que nun sabía sopla-y al vientu .

Quedo equí mesmo sentá
cola respiración entrecortá
que ye la que tien por mi y nun me dexa cayer,
quedo ansina nesti argayu pegá'l humeru  
esperando a que vuelva a sonar la botella d'anís y la carraca
que'l carrascu ta esperando yá'l avientu
y duelme el gargüelu 
de nun ser a entonar cancios 
ensin ti.







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SIN TONOS NI CARICIAS

Me faltan tus caricias en el pelo 
que eran como arpegios para el son de mi sentir
que eran algo mágico 
y la partitura de mi vida.

Las notas eran las risas de cada uno
que se colocaban como pájaros encima del pentagrama...

Las anhelo con la melena desafinada
con las muelas en la mano y la piel de esparto
llorando con los ojos encerrados
para no  perder ni una lágrima más,
ahogándome en seco,
con la mirada al suelo
yendo a ciegas
para no un olvidar ni un rincón de tu cara.

¿Cuántos besos me faltan hasta volver a encontrarlas?
¿Cuántos meses me caerán entre el pelo,
como babas de diablo burlón tocando el silbato?

Ya no quiero ni saber.




Desde aquí siento deciros que ya no os oigo cantar
ni siento la "zanfoña" que frotabais con tanta gracia
no siento más que el "turuyu" avisando
y el "rabel" de los pastores.
No siento al osezno ni al lobo aullando 
entre las peñas, 
dedos amputados de un flautista que no  sabía soplarle al viento .

Quedo aquí mismo sentada
con la respiración entrecortada
que es quien me sostiene y no me deja caer,
quedo así en este resquebrajo, junto al "humeru"  
esperando a que vuelva a sonar la botella de anís y la "carraca"
que el "carrascu" está esperando ya a diciembre
y me duele la garganta 
por no  ser capaz de entonar canciones 
sin ti.






zanfoña: instrumento musical tradicional
turuyu: instrumento musical tradicional
rabel: instrumento musical tradicional (utilizado en el pastoreo) 
humeru: aliso
carrascu: acebo










domingo, 16 de julio de 2017

LAS 15:52



Verde era la colina, 
donde, sin pensarlo demasiado,
vomité tu recuerdo,

mas no me abandonó.

Rojos eran los zapatos, 
que arrastraban mi cuerpo amarillo y penitente,

mas no me llevaron a ningún lado.

Gris, sólo gris y sucio 
el suelo del tren que, 
entre vaivenes y cimbreos de tono violeta,
me acunó en el arrullo
que quise durara siempre,

mas no fue así.

Llegué a la ciudad.

No había color.

sábado, 8 de julio de 2017

PENITENCIA




Sangré por cada poro de mi piel 
y una a una 
todas las rosas que no guardaré,
las cosas que ya no veré,
los hijos que ya no tendré,
y los besos que ya no daré.

Desaté las venas del deterioro 
y lanzándolas al viento
las hice volar.

Mi corazón era un cometa 
y al bombeo
llovía plasma
empapando los bosques con mi propio linaje.

Me encaré con el cielo, 
con los pies entre charcos y el ceño fruncido
y le cuestioné.

Él siguió a lo suyo.

Yo rota, calada y en cuadrupedia
me agarré bien al barro encarnado
y surgió el desencanto de mis huesos hechos trizas.

El dolor era un calvario,
un empeño del destino infecto, 
una penitencia, 
una oración a destiempo, 
la comunión de un niño estropeado.

Y no hay nada que se me pueda decir,
ninguna palabra vuestra bastará para sanarme. 

Me obcequé buscando alivio
como los lobos se empeñan en aullar  
lo que a mí me consume por dentro.











lunes, 19 de junio de 2017

NUN HAI FINAL FELIZ



Conducí tola nueche, ensin saber perbién escontra ónde, pero siendo consciente de que yera dueña d'un volante, dos manes, dos pies y, quixi pensar, que tamién tenía un puñáu de kilómetros per delantre. 

Llegué a la fin de la Tierra, reconociéndolo más bien como un auténticu vertideru. Nun quemé les mios botes porque yera lo único que me quedaba, acompañábenme, protexíenme y nunca me fallaben, y porque nesi momentu antoxóseme de bien mal gustu.

Busqué esos paisaxes que me vendieren como paradisiacos, onde la to vida conviértese en daqué maraviyosu, les muñeques se te enllenen de relóes d'oru, el to arume pasa a costar trescientos euros y el to coche ye namá'l mediu de tresporte hasta que llegues al to yate o al to jet y cuando das cuenta formes parte d'un resort natural con complexos axetivos pa describilo... mas nun los atopé. 

Afayé imaxes desoladores y n'ocasiones, respigantes. Xigantes desendolcándose a sí mesmos y coses pol estilu.  

La decepción asomó de nuevu pente les arrugues del mio frente.

Fuxí d'ellí ensin mirar pa tras y ensin dame apenes cunta llegué al sitiu onde se xuntaben dos montes, ensin saber cuál yera'l maxestuosu y cuál l'arrogante. Un allugamientu selvaxe, solitariu y, increíblemente, inda llimpiu. 

Una llárima allegre asomó esmuciéndose sigilosamente poles mios mexelles y nesi momentu dime cuenta que llegara al sitiu onde desaguaben los mios güeyos, plantegándome cuántes miraes, cuántos sollozos, cuántos guiños cayeríen neses agües cristalines y maravillosamente fríes. 

Supi entós que'l mar taba fechu de llárimes como les míes. 

Supi entós ónde vertir agua salao y ocular hasta quedame seca. 

Pasaron dos hores, quiciabes diez y dalguna nube y caltuvi hipnotizada viendo cómo la fola estrellaba con fuerza'l so frente contra la mesma roca, incansable, una y otra vez, igual que facía yo, namás que a ella salía-y espluma blanca.
Entós identifiquéme.
Sentí la necesidá casi selvaxe d'esnudame y fundime nesi océanu de penes y pesares. 

Dexé llexar.
Depués yá non.

Nun me llamaba Alfonsina pero acabé diéndome xiblando y vistida de mar.




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NO HAY FINAL FELIZ


Conduje toda la noche, sin saber muy bien hacia dónde, pero siendo consciente de que era dueña de un volante, dos manos, dos pies y, quise pensar, que también poseía un montón de kilómetros por delante. 
Llegué al Final de la Tierra, reconociéndolo más bien como un auténtico vertedero. No quemé mis botas porque era lo único que me quedaba, me acompañaba, me protegía y nunca me fallaban, y porque en ese momento se me antojó de muy mal gusto.
Busqué esos paisajes que me habían vendido como paradisíacos, donde tu vida se convierte en algo maravilloso, las muñecas se te llenan de relojes de oro, tu perfume pasa a costar trescientos euros y tu coche es sólo el medio de transporte hasta que llegues a tu yate o a tu jet y cuando te das cuenta formas parte de un resort natural con complejos adjetivos para describirlo... mas no los encontré. 
Descubrí imágenes desoladoras y en ocasiones, escalofriantes. Gigantes desenvolviéndose a sí mismos y cosas por el estilo.  
La decepción asomó de nuevo entre las arrugas de mi frente.
Huí de allí sin mirar atrás y sin darme apenas cuenta llegué al sitio donde se juntaban dos montañas, sin saber cuál era la majestuosa y cuál la espléndida. Un emplazamiento salvaje, solitario e, increíblemente, todavía limpio. 
Una lágrima alegre asomó deslizándose sigilosamente por mis mejillas y en ese momento me di cuenta que había llegado al sitio donde desembocaban mis ojos, planteándome cuántas miradas, cuántos sollozos, cuántos guiños habrían caído en esas aguas cristalinas y maravillosamente frías. 
Supe entonces que el mar estaba hecho de lágrimas como las mías. 
Supe entonces dónde verter agua salada y ocular hasta quedarme seca. 
Pasaron dos horas, quizá diez y alguna nube y me mantuve hipnotizada viendo cómo la ola estrellaba con fuerza su frente contra la misma roca, incansable, una y otra vez, igual que hacía yo, sólo que a ella le manaba espuma blanca. 
Entonces me identifiqué. 
Sentí la necesidad casi salvaje de desnudarme y fundirme en ese océano de penas y pesares. 
Me dejé flotar. 
Luego ya no.
No me llamaba Alfonsina pero acabé yéndome silbando y vestida de mar.


miércoles, 14 de junio de 2017

¿POR QUÉ?



Porque escucharte es sentir la melodía más hermosa,
porque al oirte, 
mis dedos se mueven haciendo hebras invisibles 
y espirales  etéreas en el espacio
urdiendo bocetos contínuos que sólo yo alcanzo a ver.

Porque , simplemente, me transportas
y los bocetos 
quisiera dibujarlos en tu espalda abierta
e imaginar que sobra la piel 
para fundirme enteramente en ti.

Porque todo mi vello se eriza con esa cadencia tuya.

Porque la posibilidad de vivir 
                                         sin amarte,
                                                          no cabe.

Porque el día que muera será el final de esa adoración.

No lo digo, sólo escribo.

No alardeo, sólo siento.

Pero mientras tanto...
                                mientras tanto quédate conmigo.

Quédate hasta que todo esto acabe.

Soy más de Cohen que de Bécquer,
y no me complace concebir  cenizas enamoradas,
el polvo enamorado, que se conciba en vida.

Soy más de suicidios que de razones.

Soy caprichosa, inconsciente y real 

y letal, pero sólo a veces.

Soy sólo piel, piel que sobra y también perecedera...

Pero hasta ese momento,

anda,

arranquémonos la piel a tiras o a besos



no te muevas, quédate por aquí, cerca.









lunes, 12 de junio de 2017

ÑERVATOS Y CAMPARINES




Los fíos del retruque nacemos 
ensin que to madre eche cuenta tras d'ello.

Nacemos d'un accidente, 
d'un abrazu a destiempu, 
d'una nuechi de sexu,
con muncha suerte ...d'una d'elles d'amor...



Vivimos como mos dexen, 
faciendo lo qu'mándennos dacuando guahes, 
creces y paez que faes lo que quiés, 
y que yes tan llibre...
                               pero non. 




Pasamos pela orilla'l ríu sin caenos ni embarranos,
namás la cuentiquina.



Ca'un elixe'l barru col que quier untase.

Y ¿cómo morremos? :
rápidu, 
nun segundu, 
nun momentu oscuru, que nin dura, 
                nin lu oyes... 
y camudes de materia viva  a  materia inerte, 
tresparente
en menos de lo qu'el ñervatu se pon a cantar
delantre la casa d'aquella qu'amabes tantu
y tantu bien te fizo.

Los ruios
                lleguen dempués...
y allories por nun sentir ya nada.

Al tiempu camudes a un suspiru, 
                            a una llárima,
a un que tá en les alcordances dalguién.

Camudes al muñecu invisible 
que dalgún ventrílocuu dará-y voz.

Oxalá fuera'l ñervatu esi'l 
qu'diérame voz pa cantá-y 
pente les mimoses que tien a la vera casa,
pente los pensamientos  y la yerba luisa
y oxalá té rodeáu siempre de camparines
pa alegrái los güeyos 
y  ya nun me llore 
                           enxamás.





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MIRLOS Y MARIPOSAS


Los hijos de la protesta nacemos 
sin que tu madre se dé cuenta.

Nacemos de un accidente, 
de un abrazo a destiempo, 
de una noche de sexo,
con mucha suerte ...de una de ellas, de amor...

Vivimos como nos dejaron, 
haciendo lo que nos mandaron de niños, 
creces y parece que haces lo que quieres, 
y que eres tan libre...
                               pero no. 

Pasamos por la orilla el río sin caernos ni embarranos,
nada más que lo justo.

Cada uno elige el barro con el que quiere untarse.

Y ¿cómo morimos? :
veloz, 
en un segundo, 
en un momento oscuro que ni dura, 
                ni lo oyes... 
y cambias de materia viva  a materia  inerte, 
transparente
en menos de lo que el mirlo se pone a cantar
delante de la casa de aquella que tanto amabas
y tanto bien te había hecho.

Los ruidos
                llegan después...
y enloqueces por no sentir  nada.

Según pasa el tiempo te conviertes en un suspiro, 
                            en una lágrima,
en uno que está en los recuerdos de alguien.

Te conviertes en el muñeco invisible 
al que algún ventrílocuo le pondrá voz.

Ojalá fuera el mirlo ese, el que me diera la voz
para cantarle 
entre las mimosas que tiene cerca de casa,
entre los pensamientos  y la hierba luisa
y ojalá esté rodeado siempre de mariposas
para alegrarle los ojos 
y  ya no me llore 
                           jamás.