jueves, 22 de septiembre de 2016

CAVILACIONES DE ANDAR POR CASA



Cuando atopo un encruz de caminos, nun sé bien lo que facer, 
ye lo malo...
si tiro pol diestru, malu, 
si tiro pol izquierdu, tamién. 

Como nun valgo pa tar quieta, yo entamo, pa onde sía, 

y voi con cuidiao pa ver
si voi viendo
lo que se me vien enriba, 
fartuca de llevar tantu pesu a recostines, 
dacuando costar, 
nun te voi engañar, 
pero voi y brincu d'un lláu pa otru 
y ye que tengo'l pescuezu desbordau. 

Toy cansá de la xente,

toy cansá de emburriones, 
toy cansá de decite y de explicate... 
Total... pa qué, 
nun tien sentíu y enxamás lu va tener. 

Quédenme les semeyes na cabeza. 

Perguapes. 
Prestoses. 
Pero fórguenme los güeyos yá de tantu querer vete, 
nun soi capaz d'alendar  por querer golete, 
y nun faigo más que rabiar.

Los deos 

ficiéronseme trenzes 
y agora yá nun voi poder tocate más. 

Cuántes fueyes en blancu, 

cuantos  llares por enllenar. 
Cuantos focicos,      a lo fato, 
cuantes llárimes nel bardial.



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Cuando encuentro un cruce de caminos, nunca sé lo que hacer, 

es lo malo...
si tiro por el diestro, malo, 
si tiro por el izquierdo, también. 

Como no  valgo para estar quieta, yo organizo, para donde sea, 

y voy con cuidado para ver
si voy viendo
lo que se me viene encima, 
harta de llevar tanto peso a la espalda
a veces me cuesta, 
no te voy a engañar, 
pero voy y salto de un lado para otro
y es que tengo el cuello desbordado. 

Estoy cansada de la gente,

Estoy cansada de empujones, 
Estoy cansada de decirte y de explicarte. 
Total... para qué, 
no tiene sentido y jamás lo va tener. 

Me quedan retratos en la cabeza. 

Bonitos. 
Agradables. 
Pero me duelen los ojos ya de tanto querer verte, 
no soy capaz de respirar  por querer olerte. 
y me da tanta rabia.

Los dedos 

se me hicieron trenzas 
y ahora ya no podré tocarte más. 

Cuántas hojas en blanco, 

cuantos  hogares por llenar. 
Cuantas malas caras,      a lo tonto, 
cuantas lágrimas en el zarzal.


martes, 20 de septiembre de 2016

SÓLO A VECES




A veces me rompo,
me rasgo, 
me desgarro,
me desahogo,
me cierro en banda,
me descompongo.

A veces me pliego, 
me solapo,
me doblo,
me desdoblo
y me vuelvo a doblar.

A veces me hago,
me deshago,
me caigo,
me desespero,
lloro,
me ahogo,
me desabrocho,
me retuerzo, 
me despellejo viva,
me piso.

A veces me doy la vuelta
de adentro afuera,
de un lado a otro,
de norte a sur
o viceversa.

A veces me duelo,
me desvelo.

A veces me toco
en clave de sol.


A veces muero un poco.
Otras no.

A veces me siento 
o caigo de rodillas
y observo como la gente se rompe,
se rasga,
se desgarra,
se dobla,
se desdobla...

y así sucesivamente...

ESTRELLA BIPOLAR







En su día lo llevaba yo.

Ahora el destino se ocupa de ese asunto.


La promesa de la estrella bipolar
entró en modo bucle,
quizá en "standby".

Con ese piloto insolente, 
impertinente,
que parpadea a la vez que mis ojos,
y nunca lo pillo
porque siempre coincidimos.



Y aquí me veo,
barriendo esquirlas de luz por todas mis esquinas.

Recogiendo,
 a la vez que recojo lo que queda de mí misma.

Limpiando el polvo estelar que dejaste.

Ese polvo de los astros 
que se han ido apagando,
que nunca volverán a brillar tanto como aquella noche.


¡Pero qué bonitos eran!
¡Cuánta luz nos dieron!

Sí.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

VESTIGIOS



Villaricos (Cuevas de Almanzor) Almería


Que la roca se bañe en ese engalane perpetuo que le da la ola,
la que se vista de sol
    y de luz
    y de verde mar.

Que brille.

Que baile la ola,
esa que llega, araña al guijarro y se va airosa
emitiendo melodías cíclicas e hipnóticas.

Que baile, en el movimiento eterno que le da un viento,
cálido a veces, siempre mecedor.

Merecedor.

Que descanse luego y se recoja sobre sí (misma)
haciendo nudos de gotas infinitas en la orilla, 
rozando mis pies, 
meciéndose eterna.

Delicada.

Que siga soplando el viento, que  se enfade el aire 
y se deje caer empicado al océano, 
llenándolo todo de espuma de mar y de cabezas despeinadas.
Que llueva, joder, que llueva.

Que el mar moje mi tierra siempre,
que no pierda su esencia,
ni su entidad,
su olor dulce,
                     su olor salado 
y vivo.

Que sus colores no se pierdan,
ni sus brillos de plata al atardecer
y que siga siendo fiel espejo de la luna
esa que siempre se mira en él.

Que la hierba peine su melena 
con el susurro que le da el viento del norte
de los prados salvajes...

Y que todos lo vean con ojos de agua transparente.

Que lo pinte el pintor.
Que lo escriba el poeta.
Que lo toquen los músicos.
Que lo esculpa el artista.
Que lo dance la bailarina,
    de noche,
        en silencio,
            de puntillas.

Que quede huella,
limpia,
siempre.

jueves, 1 de septiembre de 2016

BRECHAS



Atrapando musas, Audrey sonreía enmarcada desde la pared.
Sus ojos de papel pintado tenían la vida que a mí me faltaba.

Reían.

Y me vio,
             cansada.

Apática, sin nada en la mente. 

Mi lápiz roto
                   y tu ausencia presente.


Pasaron dos días, tal vez dos años,
y la arena ya no hacía daño en mis pies descalzos.
Con las plantas destrozadas, 
                                         no hacía pasos 
                                         ni caminos.

Pero mis manos mojadas
araban la tierra donde ayer mismo plantabas simiente.


No me mires, no te rías.


Las piedras dejan de pesar cuando tienes los bolsillos rotos.
Y el necio vuelve a intentar llenarlos.

El juicio también se esfuma por las brechas 
y espirales negras de un alma vacía.

Nada pesa tanto como la cobardía.


No me mires, ni te rías.


Cubriré tu rostro con la sábana de mi vergüenza 
y no volveré a contemplarte
y encarcelaré  mis ojos 
tras unos párpados 
flojos, 
          caídos 
                     y muy mojados en la sal que me sobra.





martes, 19 de julio de 2016

BENDITOS SEÁIS

Playa del Silencio (Asturias)






No pude hacerlo.
No supe.

Quise ser aire, viento, huracán y me quedé en brisa...
fresca, escasa, pusilánime, al final triste y muy transparente.

Me creí un mundo.
Me cree una casa
                          sin techo, con dos telarañas de plata
                          que sujetaban mis brazos.

Yo bailaba la danza de los cuerpos partidos en cuatro cuartos, 
intenté recomponer mi puzzle de mujer rota
a las cuatro, 
                   en el cuarto donde todo es posible, 
                   pero estaba sola y a oscuras 
                   y entonces me dormí torpemente.

Soñé.

Pero no me hagáis mucho caso, no soy de fiar: 

soy creyente. 

                    Si.

Creo en el mar y soy de esas locas que le hablo y le lloro salmuera, 
y le hago misas imposibles con la espuma de las olas 
metida en mis pechos, 
en mis brazos sangrando y en cruz, 
entre mis piernas,
y me bebo su caldo.


                    Salado.

Creo en las rocas. Enormes gigantes amorfas, metamórficas o no, 
tan suaves como abruptas,
las abrazo firmes, fuertes, perpetuas, 
sólidas y elegantes, 
y queriéndome fusionar o hacer una simbiosis perfecta, 
les robo su incandescencia.
             
                     Caliente.

Creo en los árboles, majestuosos y arrugados, eternos en sabiduría, 
con hojas o sin ellas,
eternamente en pie y meto mis manos en sus entrañas de savia
y les robo su alma, 
                             sin pudor, 
                             sin la más mínima vergüenza
y se me llenan las ramas de pájaros,
y clavo mis pies bien en la tierra por no volar más.

                     Esencia.

Creo en la lluvia, cuando me empapa cantarina y lava mis males
y mis pecados y le robo sus lágrimas, 
su sudor y sus lástimas más mojadas
y me las bebo también. 

                    Dulces.

Creo en los manantiales, ríos en pañales, de aguas saltarinas, 
risueñas y juguetonas
con la belleza robada a un bosque o a una xana 
que pasan cambiando las cosas de color para siempre, 
agasajando de belleza a unas tierras secas, 
apergaminadas  y humeantes.

                   Divinidad.



No hagáis hombres ni mujeres.
No hagáis imágenes.
No hagáis semejantes.

No hay nada como la arcilla, moldeable, fresca, suave,
tan pura y primitiva.

                   Inocencia.






viernes, 17 de junio de 2016

ANCLES


Los mios pies,

los que me traen


los que me lleven, 


los que dacuando zarapiquen.



Los que triasti bailando, 


los que forguen 


y faen qu'ande como salta un xilgueru,


los que nun saben de tacones,


los que dieron dalguna patá bien a tiempu. 


                                                          Los que tovía van dar más.


Los que soporten el mio cuerpu y de pasu,  la mio mente. 



Los mios pies,


tan trestornaos como yo,


los que se enreden colos tuyos sólo les vegaes que naide acierta a venos.

vamos siguir triando y a cruciar metes y mentes xuntinos,


xunes grandes 


otres piquiñines. 



Yo voi pa onde me llevéis.


Nun sois poesía, sois solu pies.



____________________



Mis pies,

los que me traen
los que me llevan,
los que de vez en cuando tropiezan.

Los que pisaste bailando,

los que duelen
haciendo que camine como un jilguero saltaría,
los que no conocen tacones,
los que han dado alguna patada justo a tiempo,
                                                      Los que todavía darán más.

Los que soportan mi cuerpo y de paso,  mi mente.


Mis pies,

tan trastornados como yo
los que se enredan con los tuyos sólo las veces que nadie puede vernos,
vamos a seguir caminando y cruzar metas y mentes juntitos,
unas grandes
otras pequeñas.

Voy hacia donde me llevéis. 

No sois poesía,  sois sólo pies.







jueves, 19 de mayo de 2016

BREVE



Es difícil mantener la ilusión, 
como difícil es hacer eternas las huellas que dejo en la arena 
cuando camino sola, errante, feliz,
cuando sonrío al ver la ola que las hace desaparecer,
cuando soy de las que cree 
en lo efímero y en lo intangible, 
en la explosión de una lágrima y su sabor a mar,
en la piel erizada cuando caigo de rodillas ante la belleza de unos fuegos de artificio 
y quiero morir en el suspiro de un orgasmo.

Llamadme imbécil, pues mi eternidad reside en la estela de la estrella fugaz que nunca visteis por necios, 
en la vez que unos ojos me encontraron 
cuando me volví arista de la esquina que no me atreví a doblar, 
y fui artista de muñecos de nieve con ojos negros de carbón,
en esa vez que el sol se escondió en el mar 
tiñéndolo todo de rojo y luego de plata,
en la barra del bar donde sobraban vasos torpes 
y los estrellamos al suelo para vomitarnos palabras bonitas
en un beso,
en el vértigo de un salto al vacío.


La décima de segundo es mi eternidad 
porque amo los instantes que tatúan mi vida y mi cerebro para siempre, 
y mientras haya memoria las perlas que colecciono serán el collar que vista mi cuello
y veré mi casa en el hueco de cualquier ascensor,
o en el portal sangriento que olía a humedad, 
veré placeres en el humo de mi último cigarrillo, 
mi pecado más apreciado en la hierba blanca de un pecho izquierdo y rebelde,
mi alma en el eco de una canción,
mi cama en el banco de un parque 
y mi sol en cualquier farola de la calle triste. 


Es dífícil no caer en la melancolía...