martes, 19 de julio de 2016

BENDITOS SEÁIS

Playa del Silencio (Asturias)






No pude hacerlo.
No supe.

Quise ser aire, viento, huracán y me quedé en brisa...
fresca, escasa, pusilánime, al final triste y muy transparente.

Me creí un mundo.
Me cree una casa
                          sin techo, con dos telarañas de plata
                          que sujetaban mis brazos.

Yo bailaba la danza de los cuerpos partidos en cuatro cuartos, 
intenté recomponer mi puzzle de mujer rota
a las cuatro, 
                   en el cuarto donde todo es posible, 
                   pero estaba sola y a oscuras 
                   y entonces me dormí torpemente.

Soñé.

Pero no me hagáis mucho caso, no soy de fiar: 

soy creyente. 

                    Si.

Creo en el mar y soy de esas locas que le hablo y le lloro salmuera, 
y le hago misas imposibles con la espuma de las olas 
metida en mis pechos, 
en mis brazos sangrando y en cruz, 
entre mis piernas,
y me bebo su caldo.


                    Salado.

Creo en las rocas. Enormes gigantes amorfas, metamórficas o no, 
tan suaves como abruptas,
las abrazo firmes, fuertes, perpetuas, 
sólidas y elegantes, 
y queriéndome fusionar o hacer una simbiosis perfecta, 
les robo su incandescencia.
             
                     Caliente.

Creo en los árboles, majestuosos y arrugados, eternos en sabiduría, 
con hojas o sin ellas,
eternamente en pie y meto mis manos en sus entrañas de savia
y les robo su alma, 
                             sin pudor, 
                             sin la más mínima vergüenza
y se me llenan las ramas de pájaros,
y clavo mis pies bien en la tierra por no volar más.

                     Esencia.

Creo en la lluvia, cuando me empapa cantarina y lava mis males
y mis pecados y le robo sus lágrimas, 
su sudor y sus lástimas más mojadas
y me las bebo también. 

                    Dulces.

Creo en los manantiales, ríos en pañales, de aguas saltarinas, 
risueñas y juguetonas
con la belleza robada a un bosque o a una xana 
que pasan cambiando las cosas de color para siempre, 
agasajando de belleza a unas tierras secas, 
apergaminadas  y humeantes.

                   Divinidad.



No hagáis hombres ni mujeres.
No hagáis imágenes.
No hagáis semejantes.

No hay nada como la arcilla, moldeable, fresca, suave,
tan pura y primitiva.

                   Inocencia.






viernes, 17 de junio de 2016

ANCLES


Los mios pies,

los que me traen


los que me lleven, 


los que dacuando zarapiquen.



Los que triasti bailando, 


los que forguen 


y faen qu'ande como salta un xilgueru,


los que nun saben de tacones,


los que dieron dalguna patá bien a tiempu. 


                                                          Los que tovía van dar más.


Los que soporten el mio cuerpu y de pasu,  la mio mente. 



Los mios pies,


tan trestornaos como yo,


los que se enreden colos tuyos sólo les vegaes que naide acierta a venos.

vamos siguir triando y a cruciar metes y mentes xuntinos,


xunes grandes 


otres piquiñines. 



Yo voi pa onde me llevéis.


Nun sois poesía, sois solu pies.



____________________



Mis pies,

los que me traen
los que me llevan,
los que de vez en cuando tropiezan.

Los que pisaste bailando,

los que duelen
haciendo que camine como un jilguero saltaría,
los que no conocen tacones,
los que han dado alguna patada justo a tiempo,
                                                      Los que todavía darán más.

Los que soportan mi cuerpo y de paso,  mi mente.


Mis pies,

tan trastornados como yo
los que se enredan con los tuyos sólo las veces que nadie puede vernos,
vamos a seguir caminando y cruzar metas y mentes juntitos,
unas grandes
otras pequeñas.

Voy hacia donde me llevéis. 

No sois poesía,  sois sólo pies.







jueves, 19 de mayo de 2016

BREVE



Es difícil mantener la ilusión, 
como difícil es hacer eternas las huellas que dejo en la arena 
cuando camino sola, errante, feliz,
cuando sonrío al ver la ola que las hace desaparecer,
cuando soy de las que cree 
en lo efímero y en lo intangible, 
en la explosión de una lágrima y su sabor a mar,
en la piel erizada cuando caigo de rodillas ante la belleza de unos fuegos de artificio 
y quiero morir en el suspiro de un orgasmo.

Llamadme imbécil, pues mi eternidad reside en la estela de la estrella fugaz que nunca visteis por necios, 
en la vez que unos ojos me encontraron 
cuando me volví arista de la esquina que no me atreví a doblar, 
y fui artista de muñecos de nieve con ojos negros de carbón,
en esa vez que el sol se escondió en el mar 
tiñéndolo todo de rojo y luego de plata,
en la barra del bar donde sobraban vasos torpes 
y los estrellamos al suelo para vomitarnos palabras bonitas
en un beso,
en el vértigo de un salto al vacío.


La décima de segundo es mi eternidad 
porque amo los instantes que tatúan mi vida y mi cerebro para siempre, 
y mientras haya memoria las perlas que colecciono serán el collar que vista mi cuello
y veré mi casa en el hueco de cualquier ascensor,
o en el portal sangriento que olía a humedad, 
veré placeres en el humo de mi último cigarrillo, 
mi pecado más apreciado en la hierba blanca de un pecho izquierdo y rebelde,
mi alma en el eco de una canción,
mi cama en el banco de un parque 
y mi sol en cualquier farola de la calle triste. 


Es dífícil no caer en la melancolía...

lunes, 25 de abril de 2016

LAS DOCE



Medianoche.

Sonaron las doce como un cataclismo, 
como suena la condena de quien acaba de perder.
Doce golpes en el pecho,
adentro.

Mucho dolor.

Mis manos, 
 doce veces quisieron tenerte aquí y  tocarte,
doce veces se cerraron sobre sí mismas sangrando,
padeciendo el dolor de las tuyas.
Besé la palma de tus manos.

Amor y lascivia.

Doce besos salados.
Las lágrimas seguían ruta y surcos laterales 
y llegaron a nuestras bocas,
 no nos importó.
También ardía una chispa.
Nos besamos tragándonos nuestra sal,
mezclada en saliva y miel.
La meta era el cielo, el de tu boca.

Azul, 
como esa luz que lleva tiempo alumbrándome, 
en el día, en mis andares 
y en la noche, 
cuando lo demás no existe, cuando todo duerme menos yo.

Nos tragamos palabras, las más dulces, las que nunca nos dijimos.

Dijimos de menos, dijimos de más. Dijimos verdades.

Te dije.
Dije tu nombre, tu nombre porque le queda bien a mi aliento. 
Lo dije una, dos, doce veces.
En la noche de las doce tormentas,
doce pilares se tambalearon 
y tu nombre explotó gozando entre un escándalo de risas.

Fui tan feliz.

Silencio, es un secreto.

martes, 12 de abril de 2016

LUZ


Manaban mariposas de mi boca 
como manan los sapos de los charcos , 
como la lluvia mana de las nubes,
las lombrices de la tierra,
como mana la ola y abandona el mar,
como el manantial,
como mana todo lo que está en abandono de su hábitat,
así manaban.

Revoloteaban en la garganta,  abrí la boca,
y  salían explosionando en fuegos artificiales que subieron al cielo oscuro
y lo llenaron de luz,
de color azul.

Intensa 
miré al cielo con aquella luminiscencia  perfecta.

Los estallidos y el fulgor se grabaron en mi retina originando que toda yo me contrajera y explotara con la pólvora, 
como la pólvora...
(boom)

Aún siento las reminiscencias de aquella luz, que se fue  apagando mientras caía sobre mi cuerpo
confeccionando un vestido, transparente, sólo visible para mí, que ha quedado adherido a mi piel.


 Luz.

miércoles, 6 de abril de 2016

SIN SAL

Recuerdo el día que se paró el tiempo.

Me quedé muda, 
    sorda, 
        incapaz. 

Me quedé vacía y sosa.

Mentalmente un cero, pentapléjica si es que existe.

Bulto  torpe, ojiplático y asustado.

        Pequeña.

Una nada envuelta en piel.
Cuero que se tornó cetrino con los andares perdidos y el paso de unos días que no apuntaban tantos.

Nieve, lluvia, viento, sol... no importa.
Cielos y nubes que ya no cantan.

La marea no subía lo suficiente y yo necesitaba el mar.
Improvisé uno que me huye,
que me moja y luego se va,
que siempre se escapa al quitar el tapón.

    No sirve,         no tiene olas.

Dame mi mar, que es sólo un poco.
Mímame, que me dejo.
Sonríeme... porque ahí el tiempo nunca tuvo importancia.


¿Cómo no libar lasciva la vida que se me puso delante?

jueves, 18 de febrero de 2016

MUÑECA ROTA


Cogí velocidad y quise estrellar mi frente al cristal.
Sangré necia y presa de las pesadillas para reventar los pensamientos lentos, pesados, malvados y color gris oscuro que me envolvían, pero desperté apoyada en el mismo cristal que era mi cárcel transparente, mi puerta al exterior, mi sol, mi frío, mi nieve, mi lluvia. Ires y venires de personas horribles, fumadores, gitanos, técnicos de mantenimiento y un gato.
Los árboles inmóviles quisieron hablarme, advertirme.  
¡Hablad joder!
Nada.
Días de silencio...pero hubo de venir el viento y azotarlos por mí tan ferozmente que expresaron el horror con el movimiento fantasmagórico de sus ramas.
Qué gris era el cielo, qué pequeña yo, qué mojado estaba todo.
El olor a víscera estaba latente, todo resultó ser una náusea perpetua en la que no quería vivir. 

Todo 
       daba 
              asco.

Muñeca de trapo con piernas y brazos rotos a la que hubo que coser para que no saliera el serrín mohoso.
Muñeca rota de pasos torpes.
Muñecas con venas estropeadas, moradas.
Ortopedias para muñecas.
Agujas.
Llantos de bebés a diario.
Vida y muerte tropezando pidiéndose mil perdones por estar ahí, juntas.
Falta de sueño, incertidumbre, dolor.
Llantos y risas simultáneos.
Locura.
Mis entrañas se enfadaron conmigo y yo las quise desterrar para siempre.

Por fin luz, poca, pero fui capaz de verla porque pude leer un libro. 
Luego los olores eran a flor, la manada había vuelto. Me sentí bendecida.

El cristal se rompió y me fui de allí.