jueves, 23 de septiembre de 2010

OTOÑO EN TUS OJOS

Cayeron las hojas,
al principio verdes como tus ojos,      luego solo tristes,
y tambien cayeron tus miradas a este suelo.
Callaron los árboles y los ríos ya no quisieron más hablar,
y el manantial dejó de reír y ahogó su esencia en mi rostro,
para hacerlo aun más cansado,  haciendo brotar agua de mis ojos, al amanecer.

Caí rendida a los pies del miedo y la soledad,
y ahora todo me asusta.
Me asustan los silencios,
las sillas vacías, los caminos que no son pisados,
y los libros estáticos  haciéndose trajes de polvo,
porque ya nunca serán leídos.
Me asusta el hueco que estás dejando,
y el aire corrompido que lo llena, me da pavor.

Siento escalofríos cuando miro a la gente,
perdida,
sola,
haciendo bailes locos pues ya nadie maneja sus cuerdas de marioneta.
Me horrorizan otras de mirada ávida, famélicas de carnaza,
al acecho de nuevas víctimas que descuartizar,
para luego esparcir sus trozos en cunetas sangrantes sin perder la sonrisa
ni su rostro angelical,
lanzándolos cual pétalos de rosa de la muerte, mientras le silban al cielo.

Y me da mucho miedo la cama,
no tiene sentido dormir, no tiene sentido soñar,
solo tiene sentido hacer ojera, negra, como la noche,
como el futuro.

Oscura      como      tú.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

NO ME GUSTAN LAS REVISTAS

En esta hora
ya de madrugada,
me gusta pensar
que los hombres dícese "normales"

duermen junto a sus esposas
y descansan al calor...


Saben de su simiente.

Salvos, los hijos,
en la habitación de al lado,

          y yo,

que soy un hombre extraño,
y desmesuradamente promíscuo,
observo sus vidas
con atención,
desde mi ático polvoriento,
y realmente,
me fascina.

Leo sus vidas
como quién mira una revista
(esperando que le empasten una muela...)
y paso sus páginas grises
con todo el desprecio
que soy capaz de escupir en la yema de mis dedos.

Me gusta pensar que son felices
y lo desgraciado que quiero ser yo,
solo yo,
porque me viene en gana,
¿por no tener un Audi
o un pareado...?


Creo que no.

Sobre todo me gusta pensar

lo que me gusta pensar...

y cuánto suelo
ojear dichas revistas,
a diario,
y de lejos...
francamente
resulta
apasionante.

No me gusta la prensa rosa.
La amarilla tampoco.

Me voy a la cama,
que tengo que quereme mucho.

ÁRBOLES PLANTADOS

Tanto esperé a la sombra de tu puerta 
que enraicé.


Y ahora

que quiero irme,
no puedo extraer mis pies de la tierra.



Y ahora

quiero mudarme

y no puedo caminar,

porque ya no sé.



Y ahora

llueve encima de mí,
me azotan los temporales y luego,

cuando escampa,
no mejora, porque el sol me quema jocoso.



Y cierro fuerte los ojos,   
para que nada se caiga al suelo,

y pienso que no es necesario derrochar sal.

               (muecas)

Y pasa la gente y me ve sonreír…

               (loca)



Y así,

la resignación y yo nos hicimos amigas.



      Para siempre.

jueves, 16 de septiembre de 2010

INSUMERGIBLE

Sumida en tan bucólico paisaje,

cogió, con delicadeza,

la flor que había regado

durante tanto tiempo

con sus lágrimas,



y que con tanto mimo vio crecer.



Y al alcanzar su máximo esplendor,

la arrojó a un mar...

y embriagada aún con el recuerdo de su aroma,

contempló cómo flotaba.



Y aún la divisaba

victoriosa entre las olas,

que pretendían envolverla,

acabarla...

mas no se hundía...



Las flores no se hunden jamás...



Esa flor se convertirá en trashumante,

en mercader del aroma,

llevando toda su belleza,

y toda su esencia a otras costas,

que ahora,

de pronto,

se me antojan muy lejanas.

HAZLO

No te muevas,
ni molestes al aire que te esquiva y a la vez te envuelve,
pintándote transparente...

y a mí de gris.

No hables,
no rompas el silencio precioso que tanto quiero escuchar...

y a veces obviar.

No mires,
que no quiero que me mires...
que mis pupilas se dilatan si se cruzan con las tuyas.

No digas que ya no puedes...

No bailes
que no quiero...

No te quedes,
vete.

No te vayas,
que muero...

No rías
que me da envidia,
no envidies
que me da risa.

No ames,
que rompes cosas
y vísceras.

No hagas nada,
que a eso
estoy acostumbrada.

EFÍMERO

Cuando abracé tu sonrisa
con tanto amor entre manos,
tuve miedo de perderla,


y... así fue,
                  así fue...

PARANOIA

Andas a palpo por el mundo del ciego.

                   Sin bastón.

Ten cuidado con bordillos y puertas cerradas,
con escaleras y baches.
Con los desniveles ten,
                         cuidado.


Con los tacones de las putas y el acero de sus chulos.
Con los cuchillos que enseñan su panza con la idea de hacer daño,
ten mucho cuidado,
no te cortes,
             ten cuidado amor,
             ten mucho cuidado.

No me agrada el germinar de esta semilla negra,
de sangre coagulada,
demasiada postilla de una vez.
No quiero que crezca.
La pisaré…
Faltan fuerzas para levantar el pié.


El odio no quiso perecer y acampó a las puertas de tu casa,
haciendo crujir el suelo con su peso informe
y se hizo fuerte.

Humo y oscuridad.
Cabezas, brazos y demasiada entrepierna.

Un hombre delgado,
casi inmóvil,
hizo estremecer incluso al silencio.


Rayas escuálidas, caprichosas cruzaron tu cara.
Hilos de plata se empeñaron en alcanzar tu cima
y te dieron ese aspecto tan cansado.




Qué importa ya,
qué puedo hacer,
sino ceñirme a esta farsa.


Interpreto el papel perfecto que me fue asignado en el reparto.
Actúo.
Como secundaria (o decimosexta) qué importa digo.


El premio estaba dado, a dedo, hace ya demasiado tiempo,
y yo sin saberlo.


Perra fatua, desabrochaste mi dicha, y mi risa,
desdibuja ya tu mueca y ese pose insulso
que atenta contra lo sublime y lo pinta de irreal.


No le cojas de la mano,
no le toques,
anda y suelta su mano.


Que tus garras solo saben de presas salvajes,
y ésta es demasiado fácil, dócil y preciosa para ti.




Déjala, que en su ignorancia muere, y se quiere ir.

lunes, 6 de septiembre de 2010

ASFALTO SALADO

Traté la tarde como un mero trámite para la nocturnidad,


y la encontré apurada y retrasada.


No quise pensar.




Pero galopé el asfalto agarrada a tu crin, dominando tamaña bestia…

y una lágrima partió su crisma en la carretera

por no suicidarse en mi cara.

Haciéndose amiga de la lluvia se hizo charco.






Y un suspiro feneció al alma.


Y nada tuvo un sentido al final.

REMEMORANDO EL OLVIDO

He olvidado pensar.





Mi mente,

acostumbrada a rondar

por la plaza de un mismo pensamiento,

ya no sabe hacer más.



Rehabilito mis neuronas

incapaces.



Grito a un cielo

que no escucha,

                             ¡santíguate!



No.

Se me olvidó.


He olvidado mi nombre.



Recuerdo ser persona,

                            ¡escápate!



No.

No hay salida.



Se me olvidó salir.



Se me olvidó olvidar,



y querer olvidarte,



pues me lo tengo que recordar una,

y otra,

y otra vez...



Se me olvidó que,

olvidando,

olvidé ya tu risa,

y no recuerdo el calor de tu aliento,

y observo a palpo, ese reflejo que me da el espejo,

por si quedase aún algún rastro de un beso...

pero no.



¿Quién es la cara del espejo?



Él también la olvidó.



Recordándola,
                          al fin,

                                   demasiado tarde.

C`ÉST FINI

Que se baje el telón de este teatro,



que no quiero ver más.






Que me cosan los ojos,


que detestan mirar.






Que se cierren,


si no durmiendo,


muriendo.






Y cuando así suceda,


en este ocaso forzado,


cubran mi descanso


con monedas de mis bolsillos.






Una por párpado,


que no quiero deudas con Caronte.






Y que me saque de aquí,






y denle,






sin falta,






las gracias en mi nombre.






Entonces que aúllen los perros.

DESCANSO

Se le acabaron sus fuerzas



y ahora no puede ya.


Sus piernas, su espalda, su vestido y ella misma son agujero,


sin fondo,


un sueño de dolor y miedo,


una espiral aturdida que no tiene fin.


Hipnotizada y perdida completamente.


Abandonada en una dimensión hostil y retorcida todavía sin colonizar,


no encuentra el jodido interruptor de la esperanza y no puede encender su luz,


ahora es penumbra y penuria.


Pero las fuerzas que salen de su nada


vendrán para levantarla


otra vez


                                      (cansada)


y caminará rota


otra vez


                                     (agotada)


y el camino volverá a ser solo pasos


que no llevan a ningún lado


pero hasta que al viento se le antoje borrarlos


marcarán su andar y su peso


y al final del acantilado amargo ella también será viento


y convertirá en etéreo su pose


invisible,


completamente perfecto,


transparente y adimensional.






                                   (descanso al fin)

SIN PENA NI GLORIA

La última vez que le vi,



no llevaba sombrero porque ya no entraba dentro de sus planes,


y porque, mayormente, no estaba de moda,


y le causaba locura justo encima de una ceja,


de la izquierda.






La última vez que le vi,



apartaba a manotazos todas sus mentiras de la cara,



porque se la estaban devorando,



sin tregua,



y se le estaban comiendo su falta de dignidad y su escaso carácter.







La última vez que le vi, ya no usaba pantalones,



porque ya solo era aire,



rancio,



bolsillos enjaretados y terroríficamente vacíos.







La última vez que le vi,



paseaba taciturno por su mundo blanco y gris,



y blanco otra vez,



sin demasiadas expectativas,



lleno de odio, que era su pasto y sustento,



envuelto en sí,



con cuidado de no volver a caerse.





Dicen que viene y va,


sin pararse demasiado ni a mirar,


buscando un espejo donde morirse de asco,


buscando siempre un perdón que no llega,


buscando encontrarse a sí mismo.






Árdua tarea la suya sin orinarse encima.